Influencers: ¿influencia real o dependencia digital?
Psicología para la Vida
Por Elizabeth Frías
Hoy cualquiera puede convertirse en influencer.
Un teléfono, una conexión a internet y una audiencia pueden convertir a una persona en referente de miles… incluso de millones.
Pero hay una pregunta que pocas veces hacemos:
¿Qué tan sólida es esa influencia cuando depende completamente de una pantalla?
Las redes sociales han cambiado la manera en que nos informamos, aprendemos, compramos y hasta construimos nuestra identidad.
El problema aparece cuando confundimos visibilidad con influencia.
Tener miles de seguidores no necesariamente significa tener algo valioso que decir.
Y aquí aparece otro riesgo: la velocidad.
Hoy un contenido se vuelve viral y mañana puede ser olvidado. Las tendencias cambian, los algoritmos cambian y las audiencias también.
Incluso podemos llegar a consumir opiniones como si fueran conocimiento, simplemente porque alguien tiene millones de seguidores.
Pero pensemos en algo todavía más profundo:
¿Qué pasaría si mañana desapareciera internet?
Si perdiéramos el celular, la conexión o la plataforma donde construimos nuestra audiencia…
¿seguiría existiendo nuestra influencia?
Antes, una persona podía transmitir sus ideas a través de un libro, una conferencia, una columna, una conversación, la radio o la televisión.
Hoy tenemos más herramientas que nunca para comunicar, pero también más dependencia de ellas.
La tecnología no es el problema.
El verdadero riesgo aparece cuando la herramienta termina convirtiéndose en nuestra identidad.
Porque una influencia verdaderamente sólida no debería depender solamente del algoritmo.
Debería sostenerse en conocimiento, experiencia, criterio y capacidad para generar pensamiento.
Y también debemos preguntarnos qué estamos consumiendo.
¿Estamos siguiendo personas que nos hacen pensar o solamente personas que nos mantienen entretenidos?
La próxima vez que alguien aparezca frente a nosotros con miles o millones de seguidores, quizá valga la pena mirar más allá del número.
Porque la popularidad puede medirse en seguidores. La influencia real se mide en lo que una persona deja en la mente de quienes la escuchan.
Nos leemos el próximo miércoles en Psicología para la Vida, por TV con la Torres.
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